Swiss Made: “La relojería Suiza debería permanecer… Suiza”

Hace unos días leía esta afirmación y me hizo recordar un trabajo especial que hice hace unos años sobre el Swiss Made. Para aquel entonces, mi empeño por conocer qué opinaban los verdaderos conocedores y creadores sobre el sello del país helvético se convirtió en un trabajo que actualmente sigue vigente.

¿Cuántas veces hemos escuchado el alardeado Swiss Made en las fichas técnicas? Bastantes, ¿no? Pero ¿qué es lo que verdaderamente reside tras la emblemática etiqueta que acompaña a los productos fabricados en Suiza? Básicamente un sinfín de reglas, leyes, acuerdos internacionales y convenios multilaterales regidos por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) y la Organización Mundial del Comercio (OMC). En algún momento, la piratería afectó gravemente la alta relojería suiza, y aunque hoy en día la industria no escape de esto —pues se calculan unos 40 millones de relojes suizos falsificados anualmente—  el sello Swiss Made se ha convertido en una estampa de calidad que abarca mucho más que relojes.

Para algunos, las reglas del Swiss Made se han vuelto muy complicadas, para otros, un tanto obsoletas. Y es que para ser ciento por ciento honestos, existe hoy en día un número bastante elevado de relojes y bienes que se abanderan de este sello pero no todos cumplen con los requisitos. Ante esto, la industria relojera comenzó un proceso en el 2007 para reforzar la etiqueta Swiss Made, lo que implica modificaciones a la ordenanza que actualmente regula el uso de la misma.

La iniciativa parte de tres objetivos principales. El primero, para garantizar la credibilidad y el valor de la etiqueta a largo plazo. Segundo, para garantizar la satisfacción a consumidores que, cuando comprar un reloj Swiss Made, esperan que hayan sido manufacturados en Suiza e incorporen un valor agregado por su lugar de origen. Por último, para hacer la ley más específica, a favor de diferenciar mucho mejor los abusos a la marca.

Algunos criterios Swiss Made actualmente

–       Las piezas fabricadas en el extranjero no pueden superar la mitad de todos los componentes integrales del reloj.
–       El movimiento del reloj debe ser suizo.
–       El ensamblaje y comprobación final deben realizarse en Suiza.
–       Un reloj puede llevar el sello Swiss Made si está fabricado en el extranjero con elementos suizos, pero está prohibida su publicidad como un producto suizo.
–       El uso del sello Swiss Made en los productos también incluye la venta, oferta para la venta o distribución de relojes que llevan la indicación. Pero se prohibe la colocación de carteles o anuncios, folletos, facturas, cartas o papeles comerciales.

Para que un movimiento sea considerado Swiss Made:

–       Debe haber sido ensamblado en Suiza.
–       Debe haber sido inspeccionado por la manufactura en Suiza.
–       Los componentes de fabricación suiza constituyen al menos el 50% del valor, sin tener en cuenta el costo por el montaje.

Entre algunas de las cosas que se quieren cambiar con la nueva ordenanza implica especificar un criterio de valor mínimo del reloj, en oposición de solo el movimiento. Además, para obtener el Swiss Made un reloj deberá superar un mínimo de 60% del valor suizo, este último calculado bajo nuevos criterios que incluyen investigación, desarrollo y costos de certificación. Por otra parte, a diferencia del criterio actual sobre el movimiento, las nuevas reglas dictarán que el mismo debe constituir al menos un 60% del su valor.

Nos encontramos entonces ante una industria que se abre a nuevos horizontes por una parte, pero que refuerza sus muros por otros. Y para ser honestos, más que normal y hasta un tanto necesario cuando existen fuertes opiniones que piden a gritos que el Swiss Made esté disponible para relojes cien por ciento suizos.

La nueva ordenanza entrará en vigencia el 1 de enero de 2017.

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