Oasis Supersonic, la leyenda continúa

Una de las bandas más icónicas del Reino Unido vuelve de la mano de uno de los mejores directores de la industria cinematográfica para recordar el legado que ha dejado grabado con fuego Oasis

 

Cuando era pequeña, debo admitir que el inglés no era mi fuerte. Nunca lo fue hasta que decidí que quería saber qué decían las canciones que tanto me gustaban y tarareaba constantemente. Así que en mi empeño por saber el qué descubrí el quién. Un día, escuchando y traduciendo canciones, llego a Wonderwall y recuerdo claramente haber llamado a una de mis mejores amigas, mucho más avanzada que yo en el inglés, para preguntar qué significaba Wonderwall. Nos reímos muchísimo cuando mi traducción de “pared maravillosa” se convirtió en otro de nuestros chistes internos. Así llegó Oasis a mi vida.

 

Suena casi absurdo que una banda cuyo punto máximo estuvo alrededor de 1996, cuando yo tenía seis años, se hubiese perpetuado tanto en el tiempo y con la misma fuerza. Cuando yo escuché Oasis por primera vez tendría cerca de catorce años, así que fue entonces cuando entendí que algunas bandas son “inmortales”, como lo dirían sus propios creadores. Desde entonces Oasis ha sido mi banda favorita.

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Hoy en día, Oasis no existe más que en el recuerdo de quienes apreciaron el rock&roll de los noventa. Por eso, Supersonic, el documental que recientemente lanzó la banda dirigido por Mat WhiteCross, es como el santo grial que protege lo que en su momento fue una verdadera revolución musical. Con tomas únicas y muy íntimas de sus integrantes, Supersonic nos muestra una mirada tras bastidores de lo que fue un fenómeno inexplicable, haciéndole sentir al público las mismas cosquillas que se sienten con las desafiantes y profundas letras de Noel Gallager. El año pasado, su mismo director fue quien se encargó de Amy, el documental acerca de Amy Winehouse. Así que esta historia está en buenas manos.

 

Creo que en su momento, ni los hermanos Gallager, ni los demás integrantes del grupo sabían lo que hacían. Sin embargo, el legado se ha preservado en el tiempo y hoy por hoy, Oasis se siente en Supersonic como lo que fue en su tiempo, una montaña rusa que cobraba velocidad en cada parte del camino y que a veces se salía del camino. Drogas, alcohol, y una honestidad tan cruda como la realidad te harán entrar en lo que fue el comienzo de un nuevo tiempo en la música para entender cómo la fama puede armar y desarmar todo cuando menos te lo esperas. Hay un momento muy íntimo en donde Liam se muestra como solía hacerlo regularmente: callado, con la mirada fija en el público, casi estoico. Safe to say: nadie hubiese sabido qué pasaba por su mente si este documental no hubiese salido al aire. Entonces, te sientes aun más conectado con la historia y los sentidos cobran una nueva perspectiva.

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Oasis siempre llevará un lugar especial en mi y en todos aquellos que vivieron la banda en su mejor momento. Pero sé que, como reza una de sus canciones, ellos y yo viviremos por siempre en el espíritu de quienes se reúnen a cantar Wonderwall en una plaza a las 3 de la mañana, aunque los idiomas de quienes entonan el coro sean todos menos el inglés. La música es para hacerte sentir algo, intenso o no, salir de Supersonic es feel all the feelings.

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