Por: Diana Nunes

A 14 metros de profundidad, en las aguas del litoral suroeste de Lanzarote, España, yace la primera galería submarina de Europa y el océano Atlántico: el Museo Atlántico. Recientemente abierto a buceadores y nadadores, el museo ocupa un área de casi 400 m2 que para 2017 estará poblada por 300 esculturas, agrupadas en distintas instalaciones cuyo mensaje, sobre asuntos de interés global, adquiere bajo el mar un tono aun más inquietante.

El principal conjunto escultórico del parque, El rubicón, debe su nombre al río cuyo cruce en armas por parte de Julio César inició la guerra civil en Roma. Las 35 figuras hiperrealistas que lo integran ya han sido sumergidas. Parecen caminar distraídas, algunas con los ojos cerrados, hacia un punto de no retorno, marcado por una puerta. Es la descripción admonitoria de la marcha hacia el cambio climático.
Metros más allá, 13 pasajeros a bordo de un bote buscan refugio en tierras menos hostiles. La balsa de Lampedusa es una reflexión acerca de la crisis migratoria que vive Europa. Aludiendo a La balsa de la Medusa, pintura emblemática del Romanticismo, el artista traza paralelos entre la dramática situación actual de los refugiados y el naufragio recreado por Théodore Géricault, en que el capitán abandonó a su suerte a 150 tripulantes, de los cuales solo 10 sobrevivieron.

Jason deCaires Taylor es el artífice del museo. Su objetivo último es la conservación, desarrollada en cada aspecto del diseño de las esculturas, hechas con cemento de pH neutro. Eventualmente, y como sucede en el resto de parques subacuáticos de este autor -uno construido en la isla caribeña de Granada y otro en Cancún, México-, las estructuras irán transformándose en arrecifes coralinos, ayudando a incrementar la biomasa marina. Se estima que en unos 300 años el océano las asimile por completo.

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ARTE BAJO EL AGUA: MUSEO ATLÁNTICO